viernes, 12 de junio de 2015

UNA CARTA DE AMOR

Hola a todos.
Hoy, os traigo un pequeño relato que escribí hace algún tiempo.
Transcurre en La Unión durante la década de 1940. Es una carta de amor muy intensa que le escribe una mujer enamorada al hombre que ama.
Veamos qué le dice.

LA UNIÓN, MURCIA 1943

AMADO MÍO:

“Sabes de sobra que creo en Dios. Mi fe me sostiene. Me hace pensar que te pondrás bien. ¿Cómo voy a vivir si no puedo abrazarte?
Viene a verte tu amigo Pedro y os encerráis en la habitación a hablar. Hay muchos manuscritos que están encima de la mesa que hay en nuestra habitación. Hace tres años, Pedro y tú fundasteis la Editorial Levante. Y funciona a las mil maravillas. Vienen a veros escritores de todas las edades. Gente que tiene un sueño. Y que confía en vosotros para que los hagáis realidad. 
Os aplaudo por ello.
Me acerco a ti y te doy un beso.
En ocasiones, me lee alguno de esos manuscritos en voz alta. Yo te abrazo y apoyo la cabeza sobre tu hombro. Me gusta mucho hacer esto cuando me estás leyendo un manuscrito en voz alta.
De noche, en nuestra cama, me besas y yo también te beso. Tus labios acarician mi piel…Tu lengua recorre mi cuerpo…Me siento segura cuando estoy entre tus brazos…Cuando besas mi cuerpo palmo a palmo…
Cuando me despierto por la mañana, lo primero que siento es tu respiración mezclándose con mi respiración. Estás vivo. ¡Vivo, amor mío! ¡Y yo soy la mujer más feliz del mundo porque estás a mi lado!
No me atrevo a salir a la calle. 
-Tienes que salir a divertirte, cariño-me dices.
-¿Cómo voy a salir a la calle a divertirme si tú estás aquí?-te replico.
-Eres todavía joven. Tienes derecho a hacer tu vida. Incluso…
-¡Ni lo menciones siquiera! No podría hacer eso y tú lo sabes. Me basto con lo que me das, que es mucho. Te amo demasiado como para hacer eso.
-Cariño…
-¿No te das cuenta de que tú lo eres todo para mí?
¿Cómo voy a vivir si me faltaras tú? No sólo eres mi marido. Ni eres sólo el padre de mis hijos. Siempre has sido mi mejor amigo…Mi hermano del alma…¿Cómo puedo vivir si no tengo tus ojos mirándome? Siento tus labios cubriendo de besos cada centímetro de mi piel por las noches…Besando mi cuerpo…Yo me abrazo a ti y no quiero soltarte nunca.
Soy perfecta para ti. Alabas mi piel…Mis ojos…Mi cara…
Me despierto por las mañanas sintiendo cómo me acaricias el rostro con la yema de los dedos.
-Buenos días-me dices.
-Buenos días-te contesto.
-¿Cómo has dormido?
-Bien. Pero me despierto mejor. Porque te veo a ti. Y estás conmigo.
Nos besamos. No podemos dejar de besarnos. Todavía es temprano y nuestros hijos todavía están dormidos. 
Nos relajamos el uno en brazos del otro.
Nos besamos una y otra vez. No podemos parar. 
Han pasado ya algunos años. No son muchos, pero para mí que fue ayer cuando me robaste mi primer beso. Ocurrió en un momento en el que estabas sufriendo mucho. Acababas de perder a un ser querido. A tu novia…Mi mejor amiga…La mujer que iba a convertirse en tu esposa…
¿Qué pasó?
¿Cómo acabaste en mis brazos?
¿Cómo acabé yo en tus brazos?
En cada uno de nuestros encuentros, nuestros besos eran cada vez más apasionados y no nos dábamos cuenta de lo que nos estaba pasando. Éramos muy jóvenes. Tú había sufrido una dolorosa pérdida y yo, quizás, me aproveché de la situación. Dices que no fue así. 
Cuando nos abrazamos, yo desearía no soltarte porque tengo mucho miedo a perderte, amor mío.
Insistes muchas veces en querer salir a la calle, a pesar de tu enfermedad. El mundo que tú y yo conocimos hace mucho tiempo ha desaparecido. Cuando salimos a pasear, te coges de mi brazo para caminar. Yo apoyo mi cabeza sobre tu hombro y noto cómo me besas en la frente. Los niños corretean delante de nosotros. Nos reímos viendo cómo disfrutan de la vida. Juegan. Son todavía niños, pienso.
-Esto tiene que cambiar-me dices.
-¿A qué te refieres?-te pregunto.
-A lo que está pasando en La Unión. No me resigno a que mi ciudad se convierta en una ciudad fantasma. ¡No lo tolero!
-Poca cosa podemos hacer tú y yo ante lo que está pasando. Tenemos que resignarnos. Hay que esperar a que las cosas cambien. Y, entonces, puede que acaben mejorando.
-Y también puede que acaben empeorando. 
-No…No lo creo…
Nos abrazamos y nos besamos en mitad de la calle. No suelo comparar nuestra vida conyugal con la de otras parejas, amor mío. 
Nos gusta demasiado besarnos.”

TE QUIERE,
VALERIA.